Obsesiones Magda Ileana González-Mora Desierto Luis Gómez La obra de Luis Gómez puede leerse como un proyecto de alquimia en el cual las ideas existentes sobre el arte, el artista, el proceso creativo, el acto de ver y exponer, cambian sistemáticamente, mutan, se quiebran y se liberan. Poseedor de un credo estético que enfatiza y otorga una especial importancia al Yo, a lo individual dentro de lo colectivo, vemos como algunos de los móviles más sobresalientes de sus obras son, entre otros, el absurdo existencial, las pérdidas innecesarias, lo efímero como metáfora de lo inaprehensible. En este proyecto, la obsesión de Luis será la agonía intelectual-existencial y el caos, prevaleciendo algo que ya resulta un elemento identificativo en sus obras: su actitud experimental e iconoclasta, que aumenta constantemente nuestra ansiedad y placer por sumergirnos en un discurso instalativo. A través de una excelente manipulación espacial, es capaz de crear atmósferas, tratando de sacar a la conciencia eso aún no dicho, tratando de re-escribir una historia con razones y acciones, con acontecimientos. En ocasiones, Gómez funciona como un shaman, en un ejerciciode evasión expiatoria, tratando de buscar un lugar en el vacío. La humanidad está a la deriva, de ahí que el hombre haya renunciado a saber hacia dónde va; la filosofía de Lyotard nos enseña que no todo depende de nosotros, planteando lo relativo de las determinaciones y los efectos que se generan; de este modo Luis Gómez busca de alguna manera reanimarnos y reanimarse, como si fuéramos pacientes de algún mal incurable. Con propuestas provocativas rebasa formas ya instaladas del saber, desbordante de fronteras, para romper y cambiar reglas envejecidas por el propio uso y abuso, planteando un discurso no exento de un carácter subversivo o irónico con respecto a otras maneras de pensar o hacer. Sus obsesiones, en este proyecto, naveganen dos direcciones: el vacío interior y la fecundidad generatriz necesaria para la sobrevivencia espiritual. Desierto es una instalación que connota cómo la aridez de un medio puede devenir también un espacio apacible que favorece este estado de iluminación mística. De este modo, las imágenes van a surgir de la nada, a través del lento rrecorrido de un haz de luz que se proyecta sobre los dibujos realizados directamente sobre el muro, y que no son más que la reducción de la figura al puro gesto pictórico. Su fuerza está en el poder representacional-espiritual, que permite considerarlos simultáneamente como fenómenos éticos-psicológicos. Actúan como pequeñas obsesiones, efímeras yn restringidas en su forma, que tratan de escapar al horror del vacío, del silencio, demostrando de esta manera que los despliegues más hermosos de nuestra vida afectiva los debemos a una reacción inconsciente contra todo impulso hostil que vulnere nuestra psiquis. Esta pulsión de la nada que nos perturba está sujeta a nuestros sentimientos más íntimos, y nos está convocando a instalarnos en el mito como un medio de sometimiento o salvación de vidas- en un principio de unidad y fe-, de manera que la obra se convierte en una especie de conjuro, de magia curativa. Luis Gómez no sólo sabe hacer valer un concepto, sino que sabe encauzar una pasión, no como mera distracción, sino como algo solemne. Al tratar de exacerbar la náusea espiritual finisecular, nos entrega una obra cada vez más transparente y pura. El artista trata de recuperar nuestros sentidos para enseñarnos con sabiduría a ver más, oír mejor y sentir más profundamente los diferentes estados emotivos que nos vulneran a diario. No sólo debemos percibir su contenido, sino ser capaces de concebir el detalle del objeto para deleitarnos en un estado contemplativo que busca conscientemente un significado de la inconsciencia, haciendo que <<cada cual sueñe sus propios sueños>>. Si bien la existencia humana está definida por órdenes simbólicos, es cierto que el espíritu de sí mismo es incognoscible, indefinible; sin embargo, puede ser concebido como una mente universal infinita y viviente que apunta, preñada de significaciones, a una realidad oculta detrás de la otra. Y aquí Luis Gómez se vuelve sabio, hacedor de un oficio y artífice de la evocación, pretendiendo desenterrar <<secretos sepultados>> para entregarnos la vida a la luz de la agonía.
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